Curación Psicológica con Ayahuasca (Procesos que Hemos Visto)

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UN CUADRO COMÚN.

Hay algo que es muy común ver entre las personas que toman la Ayahuasca varias veces (cuando la toman de una manera seria). Supongamos que vienen para solucionar un problema acuciante en el momento presente: tristeza, depresión, un duelo, búsqueda de su vocación en la vida, etc. Van a una ceremonia con ayahuasca y ¡vualá! Todo de pronto parece tener sentido. Sacan su tristeza, tocan las regiones del alma que hasta ahora sólo habían sido conceptos en su vida, desatan el nudo que había en su pecho, y de pronto se sienten bien. Algunos llegan a decir que ha sido como tomar un año de terapia en una sola sesión (la verdad es que tienen mucho qué ver la madurez de la persona y el punto al que haya llevado su proceso previamente). Así que se siente de maravilla. Y asiste dos veces, y se siente de maravilla. Y asiste cuatro veces y se siente más de maravilla. De pronto, quizás por la 5ta o 6ta ceremonia, ya no se siente tan de maravilla. Las ceremonias no son tan gratas y los días posteriores a las mismas dejan de ser tan luminosos como al principio. Algunos se enfrentan con valentía a los momentos desagradables y aprenden cosas nuevas. Otros disminuyen la frecuencia de sus asistencias para mantenerlo en un nivel cómodo. Y aún otros deciden dejar de asistir. Piensan que hay algo que no está del todo bien, y que talvez asistir a tomar ayahuasca es algo bueno para unas pocas veces pero se vuelve peligroso si se hace a menudo. ¿Qué pasa aquí?

 

RESISTENCIA.

A veces en las ceremonias las personas tienen momentos de depuración. La depuración más común de las personas en las ceremonias es el vómito, y la comunidad ha llegado a equiparar el acto de vomitar con la realización de una curación. Esto es verdad en algunos casos, pero no en todos. Algunas veces el vómito es sólo resistencia. Resistencia a ver y tocar algunas heridas; y como la Ayahuasca empieza a profundizar y a acercarse a ellas, la botamos como una manera de defendernos para no ver lo que nos dolería ver (consciente o inconscientemente). Mucho del trabajo inicial de la Ayahuasca con la persona se enfoca en vencer las resistencias conscientes, semiconscientes o inconscientes, que oponemos al hecho de darnos cuenta de nuestras heridas psicológicas, ya que no puede enfocarse en la curación directa debido a esas resistencias que necesitan primero ser reconocidas y después trascendidas. Esto sucede también (y a menudo, especialmente) con las personas que con muy buena voluntad dicen que no tienen ninguna resistencia a la experiencia.

La Resistencia es también medicina, en algún nivel. Corre un velo sobre algunos aspectos de nuestra psique para que no los veamos en un momento en el que no disponemos de las herramientas ni la madurez para enfrentarlas apropiadamente. Cumplen su función durante la niñez y otros momentos vulnerables. Nos protegen. Pero cuando se trata de madurar y de recuperar la totalidad de nosotros mismos, hemos de reconocer que esas protecciones ya han cumplido su función, permitirnos ver nuestras heridas y lograr una curación completa que no necesite ocultarse nada para experimentar un bienestar completo. Este es el primer aspecto importante en la curación psicológica y puede pasar mucho tiempo antes de que la persona venza su resistencia a curarse de las heridas verdaderamente importantes en su vida.

 

EL DESCUBRIMIENTO Y LA EXTIRPACIÓN DEL PARÁSITO.

Hay algo viviendo dentro de nosotros que no somos nosotros. La mayoría de nosotros estamos poseídos. Hacemos cosas que no queremos hacer, decimos cosas que no queremos decir, pensamos cosas que no queremos pensar, trabajamos en lo que no queremos trabajar, comemos cosas que no queremos comer, fumamos cosas que no queremos fumar o nos inyectamos cosas que no queremos inyectarnos. Estamos poseídos. Y esto es muy claro porque todos los organismos vivos se protegen a sí mismos. Si actuamos en contra de nuestro bienestar o el bienestar de las personas que amamos, eso es porque no somos nosotros quienes estamos actuando, sino que una entidad ajena a nosotros se ha camuflado con nuestra identidad y ha utilizado nuestros sentidos y nuestras facultades en contra nuestra.

El malestar que experimentan muchas personas después de algunas ceremonias se debe al hecho de que la Ayahuasca empieza a acercarse al parásito que hay en nuestro interior. El parásito es energético, no es solamente un pensamiento o una creencia, como opinan algunas ideologías new-age. Es energía dañada, que está cargada de dolor y fue transmitido a través de experiencias en las que la persona recibió dolorosamente el veneno de otra persona o pasó por una experiencia en la que fue crudamente consciente de la vulnerabilidad de su organismo psicofísico. También puede crearse mediante la acumulación de dolor a través de la continuidad en el desarrollo de hábitos nocivos. Algunas veces el parásito se haya tan camuflado en nuestra personalidad que resulta difícil ya no digamos extirparlo, sino el simple hecho de darnos cuenta (o incluso aceptar) que lo tenemos.

Estamos tan habituados a su presencia, y él está viviendo con tanta “tranquilidad” dentro de nosotros, que cuando la Ayahuasca profundiza y se acerca al territorio en el que tiene su asiento en nuestra psique, esto se percibe como una amenaza. Amenaza a él que se interpreta como amenaza contra nosotros. Aprovechando que hemos confundido nuestra identidad con la suya, él empieza a agitarse en nuestro interior y a ocasionar en la superficie de la consciencia miedos infundados, ansiedad constante o sueños desagradables, etc., para evitar ser descubierto y extirpado. Pero ahora lo hemos visto y estamos en condiciones de no consentir más que nos roben la felicidad y la vitalidad. Éste sacar el veneno, o ésta extirpación del parásito, es la segunda parte de la curación psicológica.

 

CURACIÓN.

El Amor y la Medicina.

Después de solucionar los problemas periféricos, de vencer resistencias y de extirpar el parásito, ha llegado el momento en que la curación propiamente dicha se puede llevar a cabo. Éste es un proceso que visto desde fuera es menos espectacular (no hay vómitos o fuertes manifestaciones físicas) ya que hemos pasado la etapa de vencer nuestras resistencias. Y tampoco se lleva la sorpresa de estarse enfrentando a algo peligrosamente contaminado o demoníaco (extirpación de la entidad extraña, o cúmulo de energía venenosa). Sino que es un proceso muy quieto y muy calmado, cuya dificultad estriba en la plena confianza de que el amor y el bienestar pueden tomar el lugar del dolor y el odio. Que la Medicina puede sustituir al veneno en nuestro interior. La dificultad en éste momento es sencillamente la aceptación de un área vulnerable que en algún momento fue dañada, y que en éste momento está lista para su redención. Para que la paz y la salud tengan su asiento en nuestro interior. Es el momento en el que el bienestar puede inundar nuestro organismo y nosotros sentimos que volvemos a tomar posesión de nuestro cuerpo y nuestra alma, además de que sabemos que regresamos a vivir en un organismo que funciona con mayor armonía de la que recordamos haber tenido nunca. Cuando esta reparación se lleva a cabo, la curación está completa.

 

TOMAR LA VIDA COMO MEDICINA.

Hay gente que cura y hay gente que enferma. Y todo empieza por el individuo mismo, ¿se está curando o se está enfermando? ¿Es responsable por su vida o ha asumido el papel de víctima de los demás? Rezo porque todos nosotros seamos medicina y podamos transformar victoriosamente nuestra vida y representar una bendición en la vida de los demás. En las ceremonias con ayahuasca se hace mucho, pero no se hace todo. Podemos elegir conscientemente cada acto que emprendemos. Tomar los alimentos, las actividades, los descansos, las relaciones y nuestra vida en general, como una medicina. Todo puede ser tomado como una medicina o como un veneno. Cuando hayamos aprendido a tomar todo como una medicina habremos aprendido también a acumular un capital cósmico que nos permitirá nuestra completa curación en el momento oportuno. Más tarde o más temprano, el éxito será seguro. Sólo es cuestión de mantenernos en la dirección adecuada. Y nuestra vida será una bendición, no solamente para nosotros mismos, sino también para todos aquellos que tengan la buena fortuna de conocernos.

 

                                                     Guillermo Ruiz Colmenero

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