La Medicina es el bien en el mundo. Hay el bien, o aquello que trae paz a nuestra mente, amor a nuestro corazón, bienestar a nuestro cuerpo, prosperidad a nuestra economía y armonía a nuestras relaciones; y hay el mal, o aquello que trae preocupaciones a nuestra mente, odio a nuestro corazón, enfermedad a nuestro cuerpo, escasez a nuestra economía y discordia a nuestras relaciones. La Medicina de la Ayahuasca es solamente Medicina cuando tiene una buena dirección.

Toda Medicina necesita de un régimen para poder ser efectiva y la Ayahuasca no es una excepción. La Ayahuasca necesita de un sustento energético apropiado y de una dirección recta durante la ceremonia para poder funcionar como Medicina para nuestro cuerpo y para nuestra alma. No sólo por dar Ayahuasca estamos dando Medicina, y no sólo por recibir Ayahuasca estamos recibiendo Medicina. Puede ser que lo único que obtengamos de las ceremonias en las que participamos sean sensaciones agradables y visiones bonitas, sin que el bienestar se instale y fortalezca en nuestras vidas; sin que realicemos el cambio positivo que deseamos.

La Fuerza de la Medicina está en el cuerpo. Los principales aspectos para preparar el cuerpo son la alimentación y la sexualidad. La alimentación sostiene la vida y conviene que la comida que tomamos sea pura y nutritiva, y que evite, o por lo menos limite, las toxinas que la destruyen. La energía sexual es la salvia del árbol humano y conviene que observemos una conducta sexual que permita que nuestra energía se mantenga fuerte y pura: que nuestra energía sexual se canalice en la dirección de crear la mejor versión de nosotros mismos, de crear la vida que deseamos o de crear belleza artística, y de compartirla con un ser humano al que amamos; y evitar los hábitos que la desgastan, como la masturbación, o que la contaminan, como la promiscuidad.

La Dirección de la Medicina está en la mente. Los principales aspectos para preparar la mente son de qué la alimentamos y qué creamos con ella. Todo aquello que abriguemos en la mente empezará a tomar cuerpo para manifestarse en la realidad física que vivimos y es conveniente, por lo tanto, que le demos a nuestra mente los mejores pensamientos, las mejores imágenes, la mejor música, las mejores lecturas y las mejores conversaciones que podamos, y que evitemos los pensamientos, las imágenes, la música y los programas de televisión que la degeneran o la hacen perder el tiempo. Lo que hacemos con nuestra mente terminará expresándose a través de nuestras palabras y de nuestras acciones, y estas palabras y acciones no dejarán de tener resultados, por lo que es siempre beneficioso hacer por los demás lo que nos gustaría que los demás hicieran por nosotros, y realizar las mejores acciones, porque las acciones tienen la tendencia de convertirse en hábitos y los hábitos el poder de crear destinos.

Podemos acudir a la Ayahuasca como quien acude a entrenarse en un gimnasio o como quien acude a recibir un masaje. Ambas acciones se realizan para conseguir el bienestar, pero una de ellas nos involucra activamente y fomenta el bienestar a largo plazo, y la otra nos involucra pasivamente y permite sólo un bienestar de corta duración. En efecto, una forma busca cambiarnos a nosotros mismos y cultivar con esmero las cosas que dan resultados positivos, y la otra busca sólo paliar el dolor y eliminar incomodidades en tanto que se prosigue con el curso de acción que nos llevó a experimentar ese dolor y esas incomodidades. Recomiendo encarecidamente el ejercicio del bien en nuestras vidas y en nuestras ceremonias: sembremos las causas del bienestar, y desarraiguemos las causas del malestar, en lugar de buscar desembarazarnos de los malos efectos mientras dejamos intactas las causas malas.

Para que la Ayahuasca realice en nosotros todo su potencial es necesario que vivamos con responsabilidad. Hay una causa para todo efecto que vivimos. Responsabilidad, cuando los resultados de nuestra vida nos gustan, implica activar nuestra atención para descubrir los principios de la vida que lo permiten y ejercer nuestra voluntad para cultivarlos y llevarlos a un desarrollo más perfecto. Responsabilidad, cuando los resultados de nuestra vida no nos gustan, es reconocer que hay un cambio que debe ser realizado y que es a nosotros a quienes corresponde realizar ese cambio. Si tú compartes la Medicina, sé responsable en tu vida y encuentra la forma de fomentar responsabilidad en tus ceremoniantes: pocas cosas mejores podrás hacer por ellos.

Para que la Ayahuasca funcione en serio es necesario que se atiendan los principios de la Vida y de la Medicina. Lo que está escrito más arriba me parece importante en cuanto a los principios de la vida que es importante atender, en general. Ahora, comparto lo que me parece más importante para cultivar en las ceremonias con la Ayahuasca, en particular, porque para obtener la mejor planta es importante elegir la mejor calidad en la semilla y sembrarla en la mejor tierra:

Importa de quién recibimos la Medicina. Además de la ayahuasca y la chakruna, la medicina de la Ayahuasca lleva incorporada en sí la energía de la persona que la cocina y la energía de la persona que la comparte; y estas personas aportan la energía que llevan incorporada en sí mismos de acuerdo a la medicina que hay en su cuerpo, a la dirección que hay en su mente y a la forma en la que viven su vida. Recomiendo tomar Ayahuasca con personas que te gusten, que estén viviendo de una forma congruente y que estén cultivando las cualidades que tú también quieres cultivar. Además, me parece de capital importancia que la persona que da la Ayahuasca la tome con sus ceremoniantes: una de las principales responsabilidades del guía de una ceremonia es estar dispuesto a entrar en el terreno y el estado a los que pide entrar a los demás; y tomar la Ayahuasca con regularidad fortalecerá el compromiso de cultivar las mejores cosas en nuestra mente y nuestro cuerpo, mejorando la calidad de la energía que se ofrece durante las ceremonias. Si alguien no toma la Ayahuasca con sus ceremoniantes está mostrando su falta de disposición para acompañarte verdaderamente durante el proceso y aceptando la falta de preparación que tiene su cuerpo para dar el servicio que te ofrece.

 

Por lo demás, realizar muy bien la preparación los días previos a la ceremonia no solamente prepara el terreno para que florezcan las virtudes y la salud, sino que demuestra la determinación que tenemos de hacer lo necesario para que así ocurra. Dios y la Medicina siempre hacen su parte, y nos corresponde a nosotros hacer la nuestra lo mejor posible. De esta manera estaremos recibiendo Medicina en serio, y seremos seres humanos verdaderos viviendo una vida verdadera.

La Medicina se ayuda del estado alterado de conciencia.

Pero el estado alterado de conciencia no es la Medicina.

Tomar ayahuasca no implica necesariamente contactar con la Medicina.

El contacto con la Medicina implica mucho más, y depende del receptor, no de la Ayahuasca. Podemos darnos cuenta de que hemos contactado con la Medicina cuando nuestra vida se transforma. Ahí está la verdadera prueba. Y, por cierto, nos damos cuenta de que nuestra vida se ha transformado cuando otros lo notan, no cuando nosotros lo imaginamos. 

Mucha gente busca “una experiencia”. Es bueno saber que no por el hecho de tomar una planta sagrada estamos teniendo una ceremonia sagrada.

Tendemos a observar lo que hay afuera, para ver si lo que entra en nosotros es bueno o malo, sagrado o profano. Olvidamos que lo más importante es lo que sale de nosotros, o este espacio interior al que entra lo de afuera.

Podemos cuidar las dos cosas: lo que entra y lo que sale. Lo que tomamos y la forma en la que lo tomamos. La semilla y el terreno en el que es sembrada.


Algunos difusores de la ayahuasca dicen que todas las experiencias son sagradas y que todo mundo es su propio maestro y su propio chamán. Nuestra opinión es que lo Sagrado vive dentro de todos y que todos deben ser respetados y amados. Pero si quieres un maestro de verdad, el aspirante tendrá que aprender. No puedes enviar a un niño a la escuela con los lápices, los cuadernos, los colores, el pizarrón y los libros, y decirle que él es su propio maestro y dejarlo ahí. Con la ayahuasca es igual, si no tenemos conocimiento y vivencia directa no podemos ser nuestros propios maestros, a menos que lo que estemos haciendo sea jugar.

Hay cosas que algunos difusores no saben. Son buenas personas, dicen cosas bellas y propagan sueños bellos en el mundo. Eso hace mucha falta en un mundo con noticias de agresión y tanta gente tomándose tan en serio la vida. Los sueños dulces son cosas bien recibidas en el mundo. Pero no todo en la vida son sueños dulces. Tú lo sabes. Tu corazón sabe que hay cosas profundas que sólo pueden tocarse a través de la profundidad, no a través de repetirse mentalmente que todo es superficial. Tú decides qué es lo que quieres conocer y hasta dónde quieres profundizar y/o elevarte. La profundidad de lo que quieres determina el medio a través del cual buscas encontrarlo. Es así con todo, y es así con la ayahuasca.

¿Qué haces cuando bebes la Ayahuasca? ¿Qué haces cuando fumas lo que fumas, o comes lo que comes? ¿Cuándo dices, haces o piensas aquello que acostumbras? ¿Estoy evadiéndome o estoy conectándome? Han dicho, y muy bien, que la ayahuasca es una puerta para entrar, no una puerta para salir. Recurramos para entrar en nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo. No para huir de ellos. Así podemos empezar a relacionarnos mejor con Ella y con nosotros mismos. Así nos descubriremos, cambiaremos lo que hay que cambiar y compartiremos cosas mejores con nuestros semejantes.

Las plantas sagradas producen un efecto de apertura en la conciencia humana. Efecto a veces maravilloso, a veces aterrador, pero siempre de apertura. Abren nuestra conciencia. Y es muy importante lo que hacemos cuando la Medicina nos abre. En muchos casos, el proceso se abre y se vuelve a cerrar sin que se haya hecho nada más que disfrutar de los efectos sensoriales de la planta sagrada. Lo puedes notar si la persona disfruta los colores y habla del amor pero sigue sintiéndose mal, o sigue teniendo su vida estancada.

Por lo que el siguiente punto al que quiero llegar es éste: no es la cantidad de veces que tomemos ayahuasca la que determinará lo cerca o lejos que estemos de contactar verdaderamente con Ella. Es la disposición que tengamos de tocar los aspectos dolorosos que hay en nuestra vida (sabemos que los tenemos, aunque la espiritualidad new age nos diga que no existen) para solucionarlos, la preparación previa que respetuosamente hacemos para recibir a la planta y la inflexible decisión de cambiar nuestra vida, lo que nos pondrá en contacto con la verdadera medicina de la planta al haber nosotros mostrado también lo verdadero y más noble de nosotros. 

Las plantas sagradas cambian la percepción y además nos ofrecen la posibilidad de sanarnos. Tomemos en cuenta que son dos cosas diferentes. Podemos ver nuestra conciencia alterada durante un tiempo sin que por ello se haya llevado a cabo un cambio sanador en nuestro interior. Pero la apertura de la conciencia puede llevarnos a la curación y a un cambio trascendental en la vida si nuestra decisión de cambiar es fuerte, hacemos una buena preparación, participamos en una ceremonia bien llevada y damos el seguimiento debido a las enseñanzas que se nos revelan.

En términos neo-toltecas podemos decir que las plantas sagradas aflojan el punto de encaje de la posición en la que está habitualmente. La posibilidad de que se mueva a un lugar verdaderamente deseable y se quede ahí (en la salud, la alegría, la paz, el amor, la abundancia) dependerá de la pureza y la fuerza de la persona que la usa.

Sabrás que la Medicina ha llegado verdaderamente cuando la persona se transforma. Cuando ha sanado o liberado el dolor que cargaba en su interior. Cuando se ha conocido profundamente y ha realizado un compromiso por respetarse fielmente. Ahí, la ceremonia ha tenido la sutileza de la apertura de conciencia y la fuerte consistencia de la curación y el cambio. Podrás notar que se ha transformado, y que su ceremonia ha tenido un contacto con la verdadera Medicina.

 

                                                      Guillermo Ruiz Colmenero

 

UN CUADRO COMÚN.

Hay algo que es muy común ver entre las personas que toman la Ayahuasca varias veces (cuando la toman de una manera seria). Supongamos que vienen para solucionar un problema acuciante en el momento presente: tristeza, depresión, un duelo, búsqueda de su vocación en la vida, etc. Van a una ceremonia con ayahuasca y ¡vualá! Todo de pronto parece tener sentido. Sacan su tristeza, tocan las regiones del alma que hasta ahora sólo habían sido conceptos en su vida, desatan el nudo que había en su pecho, y de pronto se sienten bien. Algunos llegan a decir que ha sido como tomar un año de terapia en una sola sesión (la verdad es que tienen mucho qué ver la madurez de la persona y el punto al que haya llevado su proceso previamente). Así que se siente de maravilla. Y asiste dos veces, y se siente de maravilla. Y asiste cuatro veces y se siente más de maravilla. De pronto, quizás por la 5ta o 6ta ceremonia, ya no se siente tan de maravilla. Las ceremonias no son tan gratas y los días posteriores a las mismas dejan de ser tan luminosos como al principio. Algunos se enfrentan con valentía a los momentos desagradables y aprenden cosas nuevas. Otros disminuyen la frecuencia de sus asistencias para mantenerlo en un nivel cómodo. Y aún otros deciden dejar de asistir. Piensan que hay algo que no está del todo bien, y que talvez asistir a tomar ayahuasca es algo bueno para unas pocas veces pero se vuelve peligroso si se hace a menudo. ¿Qué pasa aquí?

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